La vida social del cerdo ibérico, lo formal, lo apacible, dedicada y delicada que sea, puede mejorar las producciones y hasta la calidad del jamón ibérico de bellota que usted consume habitualmente.
En los tiempos de las redes sociales en Internet, las redes sociales de las piaras de cerdos que campan a sus anchas en las dehesas del sur de España tienen una estela propia de éxito potencial aún por desarrollar.
Eso es lo que asegura, al menos, un estudio holandés sobre la naturaleza del cerdo y su vida en grupo. ¿Cómo? A éso vamos, a explicarlo.
Los cerdos seleccionados que transitan en las dehesas en el tiempo de montanera para producir la carne de los jamones ibéricos se unen en grupos de unos cincuenta individuos que se mantienen en régimen no de semi libertad, sino más más bien en el de libertad controlada.
Medio centenar de cerdos, es el tamaño del grupo que resulta habitual en el comportamiento social y colectivo de este animal según su propia naturaleza.
Una cantidad tan importante de animales interactuando, compitiendo por su comida, por la precedencia sobre las hembras, con ascedencias de unos sobre otros, con edades, sexos y roles diferentes, genera inevitables enfrentamientos y competencias entre ellos que pueden ser motivo de estrés continuado.
Tanto, como para que algunos individuos del grupo no coman en la misma proporción que otros y para distraerlos de la función principal de la montanera, alimentarse de bellotas de queijos, alcornoques y encinas caídas en el suelo de la dehesa.
Tanto, como para alterar la introducción en sus organismos de los azúcares imprescindibles para ganar peso, para infiltrar la grasa con el ejercicio y conseguir la calidad de una carne que es su principal valor.
Si el cerdo ibérico fuera un animal salvaje, como lo son los jabalíes, por ejemplo, se comportaría socialmente de la misma forma, sus grupos serían, si no tan grandes, sí con idéntico sistema de relaciones.
El estudio que aporta el dato favorable de la sociabilidad del cerdo es extrapolable a todos los del género scrofa, al que pertenece genéticamente el cerdo ibérico del jamón ibérico de bellota.
De ello se deduce, que el cerdo ibérico más socializado, menos conflictivo, crecería más rápido, engordaría de manera más natural y sería más rentable desde el punto de vista económico.
Detectar qué cerdos son los más sociables, reunirlos en grupos afines, proponer un seguimiento genético para perpetuar esa variable de carácter en la descendencia sería estimular y mejorar la ‘química social’ de los cerdos ibéricos, y, a la larga, rentablizar las explotaciones de porcino para jamon ibérico con el encaje de esta condición que ahora no se contempla.
El estudio original en cuestión fue desarrollado por el Centro Genómico de la Universidad de Wageningen y el Instituto Holandés de Genética Porcina, ambos de los Países Bajos. Un estudio que sigue la estela de la investigación de la mejora de la calidad de los productos de la carne sobre la intervención en el ambiente de los animales.
Un futuro para la mejora de las producciones a las que se puede asomar la investigación española y que incide en lo que ha sido tradición en la crianza del cerdo ibérico al menos en los últimos dos mil años en este país: Reproducir en régimen de libertad controlada los patrones de vida más naturales del cerdo ibérico. Simplemente dejarlos a su aire.







